La historia se desgarra, se muele, queda avasallada porque el presente es fuerte, y debo ir a la farmacia, debo recorrer esos pasillos y comprar un nuevo desodorante, regresar a casa y ser Yo, sólo eso, y eso es demasiado y destruye nuestro encuentro.
No es que quiera pasar tiempo con ellos, con ellas, con el polvo, al fin de cuentas ya es polvo y yo soy un fuego que arde en el hoy; mucho menos quisiera regresar en el tiempo, dicen que la melancolía no tiene remedio, que es parte de la felicidad misma y debo admitir que es bella, atroz y bella. No añoro, solo me aplaste el peso del tiempo, de su paso, haciéndome cada día más sólido y definido, como un pequeño cubo hecho de arcilla dispuesto a romperse y desquebrajarse, al final yo también seré polvo ante mis ojos.
Hoy vivo, hoy respiro y soy fuego. Es el presente tan increíblemente evolutivo el que me induce a moverme de manera tan vehemente, y en este movimiento los recuerdos son solo la sensación del viento en mi cara, las personas en desvanescencia.
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